Mi tía siempre decía "Los amigos vos lo podés elegir, pero la familia lamentablemente no". Mucha coherencia tiene esa frase bastante particular y un poco chocante para quien la oiga.
Tenemos que aguantarnos a padres que controlen tu vida hasta aproximadamente los dieciocho años, que te protejan (algunos se le pasan la mano), que pretendan saber como es la vida especialmente nuestra vida, dándonos todos los gustos en el aspecto económico y sentimental, de alguna forma queriendo lo mejor para vos aunque muchas veces no nos damos cuenta y muchas otras sabemos que están confundidos. Los que tenemos hermanos o hermanas, sabemos que siempre habrán peleas internas, celos, envidia, amor incodicionable, gritos de alegría y de furia, piñas, y risas. La familia política, que es elegida por un integrante pueden caerte bien o mal pero siempre una sonrisa forzada para saludar o hablar con éstos, porque la felicidad de un familiar es la tuya. Aguantar reuniones familiares donde tus primos más chicos corren por toda la sala hasta llegar al patio, una tía embarazada contando sus anécdotas pre embarazo, el típico tío que hace chiste y es imposible no quererlo o tenerle un poco afecto, los abuelos que siempre consentirán a los nietos defendiéndolos de sus propios hijos, la novia de tu primo que mira aprovechando para mandar una bomba de celos o acusaciones, e infinidades de familiares que ahora no se me ocurren, ni tampoco muchas ganas de acordarme por fiaca.
Como dice una publicidad de una gaseosa, "La familia no se elige, pero estoy segura que la volveríamos a elegir si pudiéramos." Nos acostumbramos a todo, nos amoldamos a las actitudes de ciertos integrantes de la familia. Se nos hace cotidiano la peleas, las risas, el llanto, gritos, los disgustos, lo secretos, el amor incondicional.